viernes, 18 de mayo de 2012
Banca, sociedad y comunidad
Quizás el concepto de “sociedad” –que progresivamente ha ido sustituyendo al de “comunidad”– refleja bastante bien lo que tenemos: individuos que, en nombre de su sacrosanta libertad, hacen lo que quieren aunque sea a costa de otros muchos. Parece que nadie se siente obligado para con sus semejantes y todos se manejan en función de la “maximización de beneficios”.
20 / 01 / 2012
El problema es que esto es desastroso para cualquier colectividad humana y últimamente sucede demasiado a menudo: que los mercados han funcionado siempre así es bien sabido. Menos sabido es en el caso de los bancos aunque, quizás, lo correcto fuera señalar que era igual de sabido lo que sucede es que es menos pregonado. Nuestra economía muere por falta de crédito y los economistas liberales aplauden lo que está sucediendo. Los bancos compran dinero al Banco Central Europeo, cuando no se lo da directamente nuestro gobierno, y lo utilizan, no para prestarlo a la economía productiva real, sino bien para equilibrar sus balances o bien para comprar deuda de los Estados. Si lo compran al 1% al BCE, por la deuda soberana el Estado les paga el 3, el 4 o el 5%. Puede que este sea un comportamiento “racional” en busca de la sempiterna “maximización de beneficios” pero a la larga es una estupidez: si la falta de crédito arruina definitivamente la economía productiva eso significará así mismo la ruina de los bancos. Estos no existen solos en el universo y tienen una importantísima función social. Su afán de lucro desmedido puede matarnos a todos y, si bien es legítimo su negocio, debe serlo dentro de unos fines. Comerciar con dinero no es cualquier cosa: la mayoría de la gente puede vivir sin agencia de viajes, sin coche o incluso sin ropa de lujo o sin ciertos alimentos pero el comercio de dinero no es como el comercio de cualquier otra mercancía. Guste o no, la banca tiene una importantísima función social de la que dependen millones de personas. Si no compatibilizan su afán de beneficio con el bienestar legítimo de la comunidad significa que la banca va absolutamente por libre. Esto es intolerable y corresponde al Estado limitar y regular a la banca en un sentido determinado. Esto no es “intervencionismo” soviético, como demagógicamente pretenden los economistas liberales. Una cierta regulación deja muchísimo margen a la libertad de comercio y de empresa. Lo que sucede es que la “libertad” de unos no puede significar la miseria de otros. Si hay libertad, tienen que ser para todos. Esto solo es posible cuando se tiene un sentido comunitario de las cosas, que siempre significa compartir y no pactar entre intereses y sistemas de egoísmos privados.
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